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Amigos de lejos

Casi todos tenemos una historia de amor. Ésta es la mía:

En una tarde de enero de hace 10 años abrí el periódico y lo encontré. Él era todavía un niño, total melancolía, callado, taciturno. Una mente brillante. Rápidamente quedé fascinada por la historia que allí contaban del pequeño genio. Creo que así fue como empecé a adorarlo. Desde entonces guardo aquél recorte de periódico y todas las siguientes noticias que salieron de él.

Él aún aparecía en internet y algunas propagandas, así que fue fácil seguir sabiendo esporádicamente de él. No lo conocía en persona, pero era grande mi sueño por llegar a conocerlo de verdad.

Pasó el tiempo, y a pesar que podía sentirme atraída por otros chicos también, él se mantenía firme en mi corazón iluminando mis días más oscuros; mi mente empezaba a desvariar con una vida a su lado. Ilusiones de apenas una adolescente.

A finales de diciembre del 2007, tras una serie de incidentes, él accedió a darme su correo. Mi corazón empezaba a brincar de emoción (era como una niñita). Pero yo sólo usé el medio para fines estrictamente académicos. Comencé a notar que él era muy amable y sencillo, siempre dispuesto por ayudar a los demás. Su trato cortés y generoso me empezaba a cautivar.

Sin embargo, en febrero del 2009 todo cambiaría. Entre casualidad y deseo tropecé con su blog (sí, escribe en un blog) y todo cobró sentido: Aquél cariño ingenuo e iluso que para entonces sentía adquirió argumentos, una razón de ser. Ya no adoraba sólo la mente brillante y genial por el cual había quedado encandilada en un principio, ahora también amaba el corazón puro y noble que empezaba a conocer. Empecé a enamorarme de pronto de su forma de escribir, de pensar, de sentir, de ser. Pero más aún: Admiré el amor que profesaba a aquella chica a quien todos los días no se cansaba de cantarle ese amor. Él estaba enamorado de una chica, pero yo empezaba a enamorarme de él.

No me importó cuántas chicas lo habían querido antes ni a cuántas quiso él. Sabía que mis sentimientos prevalecerían a pesar de las circunstancias. Sabía que sería capaz de amarlo incluso en el día que se case o tenga sus hijitos. No lo dudé más.

Al mes siguiente le escribí un correo anónimo haciéndole ver cada uno de mis sentimientos, haciéndole notar que lo seguía, que leía su blog. Nunca respondió. Pero eso no me importó en lo absoluto. Yo continué con mis correos, que siempre se llevaban consigo todo mi corazón y sinceridad, sin el mínimo temor de qué perder o equivocarme. Y fue entonces que uno de ellos, el que escribí en su cumpleaños, el que terminó por conmoverlo. Él respondió y lo hizo de una forma tal que todo el mes entero no quité la sonrisa de mi rostro. Los ojos me brillaban nada más pensarlo.

Yo continué escribiéndole, él a veces contestaba, pero la mayoría no. Hasta le llegué a dedicar todo un blog en la que le hablaba de mis sentimientos para con él, de lo que hacía yo, de mis intereses, de mi forma de ser, en fin, de mí. Y yo siempre mostrándome así, entregada, ofreciendo todo mi cariño y sinceridad, toda yo.

Pero hasta hace poco. Hace poco empezamos a conversar por el Msn.  Y en una de esas conversaciones me reveló que no hacía mucho que había empezado a salir con alguien, alguien que no era la misma chica del blog, pero a quien le había cogido mucho cariño. Me tomó por sorpresa. Quise llorar, pero ni una lágrima alcanzó a salir. Tenía tantos sentimientos encontrados. Me alegraba de que tuviese a alguien, es cierto, pero, ¿qué haría yo después con todo este amor que sentía por él? ¿sólo guardármelo y ya? Lo amaba, y todavía lo quiero demasiado como para dejarlo ir sin que sepa jamás cuánto es lo que tengo por darle. Y otra vez, no me importó, y sin dudarlo, preparé aquél sobre en la que metí el poemario que le había dedicado, la carta que contenía toda mi sinceridad, el CD de canciones que tanto le gustaban, y otras cosas más. Fui hasta su casa para dejarle aquél sobre, cosa que nunca le gustó.

Hemos estado hablando últimamente y en cada conversación, en cada foto en que le veo, en cada cosa nueva que escribe en su blog, veo al hombre que es mi complemento. Sé que a él le molesta ligeramente el hecho de estar tan segura sin que lo conozca personalmente, ya que él es ‘distinto en persona, muy diferente a como se muestra en el blog o en cualquier sitio en que me hayas encontrado’, pero no puedo evitar adorarlo con tanta ternura.

Sé que nunca me diste motivos para mantener viva esta ilusión, que siempre fui yo a la que sola se le aceleraba el corazón ante el más mínimo interés o gesto cortés de tu parte. Fui yo quien confundió amabilidad con insinuación y terminó por emocionarse demasiado pronto hasta terminar por invitarte a salir. Comprendo ahora que te gustan las cosas así como están, y prefieres que mantenga mi distancia, que no necesitas de mi ayuda. Comprendo (o trato) y es ahora cuando pretendo acabar con todo esto. Quiero cerrar la página para comenzar de nuevo, y sin ti.

Acepto que todavía pienso en ti a diario y a cada rato (y eso que ni nos conocemos en persona), que soñé con tenerte a mi lado y que con todo luchar por este amor rayaría en la terquedad y la insensatez, pero quiero que sepas que aún me quedo yo con aquellos recuerdos que aún conservo en aquella caja, me quedo con todas las sonrisas y las risas que alguna vez logré sacar de ti, me quedo con toda la alegría y las distintos ritmos con que mi corazón empezó a latir por ti. Seamos amigos ahora, amigos como creo que lo hemos sido siempre, amigos franqueados por la distancia y acercados por internet, pero sólo amigos, al fin.

Y no importa, no digas nada, lo entiendo.

Al fin y al cabo, tal vez soy demasiado joven como para saber si esto que siento es o no amor. Quién sabe si se trata sólo de una infantil terquedad y obsesión mía, de una vana sensación de satisfacción que te da la ilusión de sentir algo tan fuerte, de un simple encaprichamiento que ya lleva nueve años en mí. Y me pregunto si acaso me enamoré tan sólo de la imagen ideal del joven que escribía en aquél blog.

Y me sigo preguntando si esto que siento es amor. Si pensar en ti todos los días, aunque sea un ratito, implica que lo sea. Si tener siempre en el MP4 tus canciones favoritas o de relacionar todas las cosas con algo de ti, tengan algo que ver con ese sentimiento.

Sabes? A menudo, siento que me haces falta. Nunca nos conocimos en verdad, pero aún así tuve el atrevimiento de sentir todas estas cosas así de fuertes, y más aún, de empeñarme en que eso te quede bien en claro. Me pregunto si ya es tiempo de dejarlo todo atrás, mis fantasías e ilusiones; si ya es hora de madurar y botar la caja en la que aún guardo los recuerdos-platónicos- de ti. Pero algo me desgarra el alma en sólo pensarlo…reducir en cenizas todo lo que te mantiene vivo en mí…es todavía duro.

A diario, me repito a mí misma lo mucho que te quiero, como para convencerme a mí misma de que seguro eso es cierto. Veo las fotografías que te he robado y te hablo pensando inocentemente en que sí me escuchas, y siento que te amo, que te amo así, tal como eres.

Y a pesar que nunca me diste razones para mantener vivas las ilusiones a las que hoy todavía me aferro, aún los pensamientos de ti laten en mi cabeza como parte de mi ‘rutina’ mental, incluso tu indiferencia y frialdad no han opacado mis motivos para quererte un poco más, y ni siquiera el hecho de que tengas a alguien ha menguado mis esperanzas.

Soy un desastre, verdad?

No sé hasta cuándo me irá a durar (y dudo mucho de que desaparezca), pero te escribo todo esto porque quiero disculparme por el hecho de acecharte, de faltarte el respeto a ti y a ella tratando de saber por todos los medios más de ti, de ser una y otra vez la chica patética de siempre. Es la desesperación, sabes? Tal vez es una justificación pobre, pero a veces te echo de menos locamente que recurro a cualquier cosa tratando de suplir el vacío que me haces. Me intereso mucho por ti, y por ello,  todo lo que compete a tu mundo me interesa también. Pero creo que ya tengo que tratar de dejarlo cada día un poquito menos…hasta dejar de hacerlo por completo.

Es hora de resetear el corazón y empezar desde cero.

*Historia compartida por Jennifer, de Bolivia.

Janecita

Nunca digo: “Gracias a Dios por ponerte en mi camino”, sino “Gracias a Dios por haberme puesto en tu camino”, porque ¿Qué camino tenía yo, antes de conocerte?, ninguno. Andaba por ahí buscando un sentido a mi vida, de tumbo en tumbo, de provincia en provincia, de trabajo en trabajo buscando sabe Dios qué.

Por eso doy gracias a Dios por haberme puesto como una piedra en tu recorrido, con la que tuviste que tropezar irremediablemente y porque en cuestión de amor nunca aprenderemos.

Sabes? Aún recuerdo aquél día como si fuese ayer, cuando entré en aquella tienda buscando una maleta. Hacía mucho frío, estaba en una tierra lejana donde no conocía a nadie, caminaba por las calles solo. Y por esas cosas que el destino tiene marcado para uno, fui a dar a la tienda donde tú atendías. Me preguntaste que iba a llevar y por poco te dije “nada, yo solo quiero mirarla a usted sin molestarla”. Tú sabes y siempre te lo he dicho que me gustaste desde que puse el primer pie en esa tienda y yo también sé que no te gusté para nada la primera vez que me viste, y que mejor prueba que al final me vendiste una maleta de “cuerina” como si fuera una “Renzo Costa”.

Y tuve la suerte que eras profesora y justo trabajabas en la zona donde a mi me tocaba supervisar, dime si eso no es algo dispuesto por Dios?. Había mil lugares repartidos en el Perú y por esas coincidencias de la vida me asignaron a la zona donde tú trabajabas, como si el bendito destino esta vez estuviera jugando a mi favor.

Que mejor pretexto para visitarte, para preguntarte cómo llegar, para inventarme mil excusas y caer por tu tienda una vez más. Y cómo sabes, creo tener la habilidad para inventar cosas y no es que sea un superdotado, un símil de Albert Einstein, sino simplemente solía andar en las nubes imaginándome cosas y viviendo en mundos paralelos.

Te compré mil artículos que no necesitaba a precios exorbitantes, sólo para irte a ver, para ver tus ojos, para intentar hacerte sonreír con alguna ocurrencia estúpida. Al final el cuarto que alquilaba empezó a llenarse de cosas que nunca utilizaba, 14 maletas, 5 canguros, 6 chompas, 3 casacas impermeables y hasta  un poncho de lana de alpaca. Sé lo que debes haber pensado en esos momentos, pero créeme que este terco corazón no iba a rendirse fácilmente.

Desde ahí empezó mi historia de amor, la tuya mucho después, por supuesto. Y recuerdas también acaso cuando ya había pasado por esa escuelita donde tú trabajabas enclavada a 4 mil metros sobre el nivel del mar y solía llegar una y otra vez bajo cualquier pretexto, “me olvidé tomar nota del almacén de la escuela”, “es que de aquí me conecto para ir a la otra comunidad”, “Vengo de Pachacclla y tomé un camino que me trajo hasta acá”. Cualquier pretexto era bueno para llegar a verte, para esperarte, para simular un encuentro casual, como quien no quiere la cosa y regresar juntos a Huancavelica en cualquier bus, cualquier camión, que importaba, la hora que duraba el trayecto hasta la ciudad era el paliativo para las exigencias de mi corazón.

Creo que tú lo notabas y te reías por dentro de verme crear hasta las excusas más tontas para llegar allí a verte. Los otros profesores te solían decir que mi frecuente presencia tenía otros motivos y hasta el coordinador regional, mi jefe inmediato, se apareció por allí, pensando que cosas irregulares estaban ocurriendo en tu escuela. Si algo de irregular había allí es que  un ser celestial caído de sabe Dios qué cielo, estaba dictando clases allí.

Y si alguna vez te parecí interesante, y te hablé de las cosas que se suponía sabía, de los libros que había leído, de las relaciones humanas, las relaciones con la comunidad y hasta del amor, es que sabes? de alguna manera tenía que suplir estas malditas deficiencias y esconder como quien se esconde un defecto físico, mi inseguridad, mi desvarío, mi desorientación. Sólo era un embustero interpretando el papel de un tipo interesante para impresionarte.

El 25 de diciembre, en navidad, te dije que te amaba, que no podía vivir sin ti, que quería pasar la vida entera a tu lado, quizás esperanzado en que esa fecha las personas suelen ser más caritativas y suelen estar más abiertas a expresar algunas dosis mayores de cariño. Y recuerdas lo que me respondiste?, querías que te diera 3 meses para pensarlo. Casi muero allí en tus brazos, a tus pies. Si hubieras sido cualquier otra me hubiera marchado resignado pero este corazón me gritaba que no, y no sé de donde saqué un valor que nunca tuve, para insistirte, para exigirte dulcemente una respuesta en un plazo menor.

Y el 26 de diciembre me dijiste que sí, que aceptabas a este “corazón partío” con sus tiritas, sus banditas, sus curitas bien puestas. Ese día mi vida cambió por completo y las cosas empezaron a tener sentido.

Gracias por todos estos años a mi lado, gracias por soportar mis manías, gracias por entender mis pasiones, gracias por hacerme una mejor persona, gracias por los hijos maravillosos, gracias por ser como eres.

Pd.- siempre me gustó dedicarte canciones y regalarte cassettes con temas que escogía cuidadosamente para ti. Ésta es nuestra canción, que nadie conoce, solo nosotros. Te amo inmensamente.

Eduardo Rodríguez

*Esta historia es la primera publicada en Amores como el nuestro.  Fue generosamente cedida por el autor. Si quieres saber más de él, su blog es “Me gustan los problemas, no existe otra explicación”.

Te amo

Te amo,

te amo de una manera inexplicable,

de una forma inconfesable,

de un modo contradictorio.

 

Te amo

con mis estados de ánimo que son muchos,

y cambian de humor continuamente.

por lo que ya sabes,

el tiempo, la vida, la muerte.

 

Te amo…

con el mundo que no entiendo,

con la gente que no comprende,

con la ambivalencia de mi alma,

con la incoherencia de mis actos,

con la fatalidad del destino,

con la conspiración del deseo,

con la ambigüedad de los hechos.

 

Aún cuando te digo que no te amo, te amo,

hasta cuando te engaño, no te engaño,

en el fondo, llevo a cabo un plan,

para amarte mejor.

 

Te amo…

sin reflexionar, inconscientemente,

irresponsablemente, espontáneamente,

involuntariamente, por instinto,

por impulso, irracionalmente.

 

En efecto no tengo argumentos lógicos,

ni siquiera improvisados

para fundamentar este amor que siento por ti,

que surgió misteriosamente de la nada,

que no ha resuelto mágicamente nada,

y que milagrosamente, de a poco, con poco y nada

ha mejorado lo peor de mí.

 

Te amo,

te amo con un cuerpo que no piensa,

con un corazón que no razona,

con una cabeza que no coordina.

 

Te amo

incomprensiblemente,

sin preguntarme por qué te amo,

sin importarme por qué te amo,

sin cuestionarme por qué te amo.

 

Te amo

sencillamente porque te amo,

yo mismo no sé por qué te amo.

 

 Pablo Neruda

Poema XX

 

Uno de los primeros poemas que leí del vate chileno fue éste que doy ahora, que es acaso uno de los mejores poemas de amor escritos en el siglo XX

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

¡Qué importa que mi amor no pudiera guardarla!
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Yo no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise..
Mi voz buscaba al viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda

Triste o buena

Amar sin nadie/ vaya cosa triste
sin nada que abrazar
ni Eva que nos abrace.

Buscar en la memoria de la piel
la boca la cintura la lujuria ganada
las suaves nalgas tibias
y sólo hallar respuestas de fantasmas.

Los desaparecidos no aparecen
las voces de los árboles se apagan
quedan escombros de caricias
y con pudor nos preguntamos
¿por qué decimos tantas veces corazón?
¿será el único amigo que nos queda?
¿o será el refugio de los que queremos?

Amar con alguien/ vaya cosa buena.

Mario Benedetti
Tomado de: http://herecomesthesun-ninas.blogspot.com

El miedo a equivocarnos

Éramos distintos, imposibles
y en futuro menos claro
Entender bien lo que dices
me hace sentirme tan raro.
Empieza todo a hacerse triste,
a quedar del otro lado.
Tu también lo prometiste
Fuimos dos equivocados,
equivocados.

Y ahora este sitio esta lleno
de noches sin arte
de abrazos vacíos
de mundos aparte
de hielo en los ojos
de miedo a encontrarse
de huecos, de rotos, de ganas de odiarse
ya lo llevo sintiendo, me quedo sin aire
el cielo ha caído, se muere, se parte
Solo es un infierno sostenido.
Solo es un esfuerzo relativo.

Yo no pido casi nada
que se pierdan mis sentidos
y se nuble tu mirada.
Pero el miedo nos consigue.
Se hace grande en estas manos.
Mal recuerdo nos persigue.
Fuimos dos equivocados,
equivocados.

Me voy, me voy
Porque este sitio esta lleno
de noches sin arte
de abrazos vacíos
de mundos aparte
de hielo en los ojos
de miedo a encontrarse
de huecos, de rotos, de ganas de odiarse.
Ya lo llevo sintiendo me quedo sin aire
La estrella ha caído, se muere, se parte.
Solo es un infierno sostenido
por el miedo a equivocarnos.

Porque este sitio está lleno
de noches sin arte
de abrazos vacíos
de hielo en los ojos
de mundos a parte
de cielos caídos
ya lo llevo sintiendo me quedo sin aire

(me quedo sin aire)
Solo es un infierno sostenido,
por el miedo a equivocarnos.

No quiero escucharte
no insistas prefiero esta vez encontrarte
inundando mis ojos esperando a que pase
a que caigamos otra vez.

Y solo digo que
nunca quise hacerte daño
pero todo se nos fue
y aunque ahora somos como extraños
yo jamás te olvidaré

De noches sin arte
de abrazos vacíos
de mundos aparte
de hielo en los ojos
de miedo a encontrarse
de huecos, de rotos, de ganas de odiarse.

Y solo digo que nunca quise hacerte daño
Solo es un infierno sostenido,
por el miedo a equivocarnos.

 

Maldita Nera

 

 

 

“El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente; sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro; y examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida”.

“Carpe diem” «vive el momento»’.
Dead Poets Society
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